Black Friday

Black Friday

A ver si entre más de uno, podemos saber qué cojones es eso del Black Friday. Para ello, lo diseccionaremos aquí, en la bitakora.

Llegado mediados de noviembre, hay una cantinela repetitiva que, parece ser, no deja indiferente a nadie. Black Friday, Black Friday, Black Friday… solo se oye eso.

Empezaremos por el principio, mis despreciables y queridos humanos. Por lo tanto, el Basajaun os intentará poner en antecedentes. Para ello… ahí va un poquito de historia…

Resulta que, en yankilandia, se celebra el llamado Día de Acción de Gracias. Una fiesta con marcado carácter consumista, similar a la celebración de la Navidad. No en el fondo, pero sí en las formas: no es una fiesta religiosa, pero sí lo es familiar.

Dicho Día de acción de Gracias, se celebra el cuarto jueves de noviembre. Tras la jornada festiva, existe un día, el viernes, que, por caer entre un jueves festivo y el fin de semana, ha sido y es un día de mucho meneo entre los humanos de por aquellos lares.

En la década de los sesenta, en la referida yankilandia, los guardias de tráfico comenzaron a llamar a este viernes así, Black Friday (Viernes Negro), por la enorme cantidad de vehículos que circulaban por las calles de las ciudades. Sí, sí… has leído bien: eso del viernes negro no tiene que ver con nada que se asemeje a historias oscuras o seres malvados.

Aprovechando este ingente meneo de humanos, los comerciantes aprovecharon para hacer rebajas en sus artículos, beneficiándose así, de la cantidad de gente que se pasaba el día después de Acción de Gracias, en una especie de resaca festiva en la que muchos no acudían a trabajar. Daba así sus primeros pasos, el llamado Black Friday.

Años después, la cosa empezó a ponerse seria. El día después de Acción de Gracias ya no era una jornada de resaca festiva. La cantidad de pequeños comercios y grandes almacenes que ofertaban sus artículos, con la vista puesta en una Navidad a solo un mes, empezó a convertirse en una bola de nieve de grandes proporciones.

Un país, si puede, exporta lo que tiene. Y el resto del mundo libre y rico… ejem… (¿quién manda aquí?) abotargado por el cine, la comida rápida, y el ansia consumista que tienen los yankis, no dejó pasar la oportunidad de copiar este Viernes Negro y plasmarlo en la sociedad no yanki.

Y lo que comenzó como una manera de incentivar ciertas compras antes de la Navidad, se os ha ido de las manos. Obnubilados y embrujados por los anuncios de la caja tonta.

Mientras vosotros aprovecháis a comprar antes de tiempo ciertos artículos, gracias a las rebajas, y os frotáis las manos por ello antes de rascaros el bolsillo… unos señores también se frotan las manos… pero porque lo que os rasquéis de vuestro bolsillo va a acabar en los suyos.

Es cierto que más de uno ha podido ahorrarse unas perras con toda esta historia de yankilandia. Pero la triste realidad, es que consumís como si no hubiera un mañana. Y no lo hay, porque los señores que se llenan los bolsillos con vuestro afán consumista, han visto en esas ansias un filón: el lunes siguiente os han implantado el Cyber Monday…

… sí, y vosotros, encima, más contentos que unas castañuelas. Y ellos, porque al llegar la Navidad… volvéis a arrimaros a las tiendas como ovejas. Eso, si no compráis desde casa.

¿De verdad os hacen tanta falta todas esas cosas que compráis? En serio… ¿de verdad?

Si un teléfono móvil de última generación, un ordenador con el último procesador, o un vestido parecido al que llevó fulanita de tal en la caja tonta, os llenan de felicidad… aquí hay algo que falla: más que una escopeta de feria.

Las élites os querían aborregados. Fijaros que he dicho “os querían”. Ahora estáis aborregados y endeudados. Cuánta ignorancia.

No sois humanos: sois esclavos del sistema. Pero tranquilos… que he oído que este fin de semana hay jurgol.

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