Cassandra Vera: ¿una sentencia ejemplar?

Cassandra Vera: ¿una sentencia ejemplar?

   No hace mucho abandoné mi morada y bajé a veros. Sí, a vosotros. A los humanos. Llevo tanto tiempo mezclándome entre vosotros, que ni siquiera os dais cuenta de que estoy ahí. Vigilante. Observándoos. Y lo que suelo ver, no me gusta.

Aprendí a hablar vuestra lengua, a comprender esos garabatos que hacéis (una especie de gusanitos que llamáis letras), y a saber qué se supone que quieren decir cuando las juntáis. Lo llamáis palabras. Y con esas palabras, formáis frases. Y con esas frases, os expresáis. Es algo maravilloso. Sigo creyendo que sois capaces de hacer cosas maravillosas. ¿Por qué no las hacéis todo el tiempo? Sigo sin acabar de entenderos del todo. Sois raros los humanos.

Alguno se preguntará como aprendí. Fue fácil: Mari me enseñó. Como Ella lo sabe todo… En fin. Un buen día, hace varios eones ya, y con Amalur cuidando de lo que con el tiempo se convirtió en vuestro hogar (lo llamáis Tierra, bonito nombre, una cosa que habéis hecho bien), Mari me llamó a su lado y me dijo que necesitaba que, llegado el momento, cuidase de vosotros. Que Ella y Amalur se encargarían de poner todo en su sitio… y unos eones después, os creó. Fue entonces cuando me confió que me enseñaría a poder entenderos al menos, yo no hablo cuando soy el Basajaun (solo silbo advirtiéndoos del peligro, y gruño si algo no me gusta), lo hago, hablar, cuando me transformo en uno de vosotros. Y Mari me enseñó vuestra forma de expresaros. Lo llamáis lenguaje. Y aunque no lo hable cuando soy el Basajaun, lo puedo escribir (como podéis comprobar) y leer.

Pues bien, como os he comentado al principio de esta entrada, no hace mucho abandoné mi morada. Bajé a veros, más bien a cuidaros, no sois torpes ni nada, y me encontré en un lugar en el que tiráis la basura, papelera lo llamáis, un escrito muy extenso. Con él os comunicáis. Lo llamáis periódico. Y vi algo que no me gustó.

Sé que os creéis que estáis muy desarrollados, pero lo que leí me confirma que no. La noticia que leí, comentaba que según la Audiencia Nacional (yo no sé muy bien qué es eso, mis audiencias solo son cuando voy a ver a Mari) los tuits de una tal Cassandra Vera (sé lo que es eso del tuit, Mari me abrió una cuenta para poder comunicarme con vosotros por ese medio si procedía) son un delito de enaltecimiento del terrorismo porque aunque hayan pasado cuarenta años la lacra del terrorismo persiste. La noticia me intrigó, y seguí leyendo lo que ponía. Seguía después diciendo que según esa sentencia, sus comentarios entre 2013 y 2016 sobre el presidente asesinado constituyen desprecio, deshonra, descrédito, burla y afrenta a las personas que han sufrido el zarpazo del terrorismo, y que son una realidad incuestionable que merecen respeto y consideración. Continúa la noticia comentando que la nieta de ese señor, Carrero, había reconocido en una carta pública enviada a otro periódico, que veía la sentencia como un disparate. Y que la asustaba una sociedad en la que la libertad de expresión, por lamentable que sea, pueda acarrear penas de cárcel. Y consideraba como un error peligroso tratar de que la ciudadanía sea respetuosa a base de amenazas y sanciones desmedidas.

Sois raros los humanos. Y no evolucionáis: involucionáis. ¿Pero qué os pasa? ¿De modo que esto es lo que tomáis como una sentencia ejemplar? Pues vaya ejemplo. Sois raros los humanos. Muy raros.

Imagen de Gellinger.

Párrafo, Abogado, Juez, Proceso, Justitiia, Justicia

Como soy el Basajaun, y vivo donde vivo, me gustaría dejar un par de notas a este despropósito. A esta noticia. ¿De verdad habéis condenado a una chica por hacer un chiste? Sí, es verdad, es un chiste falto de respeto hacia un señor asesinado… pero sigue siendo un chiste. Lamentablemente, esa noticia no es un chiste: es real. Y si algún día veo por el bosque a esa tal Cassandra me esforzaré en tratar de ayudarla a que no la pase nada malo en él, porque fuera de mis dominios ya os habéis encargado vosotros de condenarla. Por un chiste. Qué mala leche tenéis.

Primera nota:

Yo no entiendo muy bien vuestras leyes. Sí que sé que protegen a los de traje y corbata (¿votáis esas leyes?) y aplastan a los de chandal y zapatillas… pero lo de esta muchacha no me parece justo. Si queríais haberla castigado, un buen tirón de orejas, y una condena de esas que tenéis de tipo… social: que ayude un mes a recoger comida para humanos necesitados, que ayude en un comedor social a fregar los cacharros, o que esté un par de semanas pintando los bancos de la plaza de su pueblo. Pero condenarla a la cárcel por hacer un chiste, brutal y de mal gusto, pero un chiste, es como si condenarais a los gobiernos democráticos de cuarenta años para acá, por haber robado a manos llenas todo lo que han podido. ¡Ah, no… perdón! Qué tonto soy… que les seguís votando… Sois raros los humanos.

Segunda nota:

Sabéis donde vivo… ¿no? Eso es, en Euskal Herria. ¡Claro… soy el Basajaun! Y todo lo que rodea a mi tierra, o haya ocurrido en ella, me atrae más que lo que ocurra fuera de ella. Espero que lo entendáis. Aunque haya ocurrido mucho tiempo atrás. Y la condena a esta muchacha, Cassandra, a cuenta de un chiste sobre Carrero, me ha llevado a recordar que se produjo por un atentado terrorista, una lacra sea de donde sea y venga de donde venga (creedme cuando os digo que sé de lo que hablo, recordad de donde soy), y los responsables de la muerte de Carrero Blanco no llegaron siquiera a ser juzgados, pues se beneficiaron, como muchos otros, de la amnistía de 1977.

O sea… que vosotros los humanos condenáis a alguien por hacer un chiste sobre una persona en concreto, asesinada, pero perdonáis a los que mataron a esa persona. ¡Joder! ¡Es que sois muy raros los humanos!

Cuando subí de nuevo a mi morada, lo hice triste. Sin embargo, hoy regaré una de mis Eguzkilores con cariño, mientras ruego a Mari porque muchos de vosotros podáis llegar a ver las cosas como las ve la nieta de Carrero. Y cuando termine de regarla, la pondré nombre: he decidido llamarla Cassandra.

No solo sois raros los humanos, también muy débiles e indefensos. Y muy tontos. O, tal vez, sea mejor decir sumisos. Necesitáis mi ayuda. Más que nunca. Pero yo solo no puedo hacerlo. Debéis de tomar parte. Debéis de rebelaros contra todo lo que no esté bien.

Permaneceré alerta por vosotros. Seguiré de cerca vuestros pasos. Silbaré si os desviáis del camino. Reconduciré vuestras vidas siempre que me necesitéis. Yo siempre estaré ahí. Tan solo tenéis que creer en vosotros mismos. Amalur, Mari, y yo… creemos en vosotros…

…aunque después de noticias como esta… un poquito menos.   

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