De ratones y hombres

De ratones y hombres

De ratones y hombres.

Hoy, en la bitakora, una pequeña historia que te va a gustar. Palabra de Basajaun.

Una vez… hace muuuuchos años…

… el rey ratón del país de los ratones quería buscar un buen marido para su hija. Como era el ratón más poderoso del reino, no quería que su ratoncita se casara con un sagutxin cualquiera… y decidió que el mejor marido para su hija debía de ser, nada más y nada menos, que el Sol.

El rey ratón del país de los ratones, fue a visitar al Sol…

… y le expuso el por qué de su elección:

—Sol… eres el astro supremo. La vida y la luz rodean todo aquello que tocan tus rayos. Quiero que seas el marido de mi hija.

—Muchas gracias por tus halagos —contestó el Sol, al rey ratón del país de los ratones—. Pero, me temo, que no soy, tal y como crees, el ser más grandioso del firmamento. De poco vale mi poder, cuando las nubes me tapan y no dejan pasar mis rayos.

El rey ratón del país de los ratones dudó… pero se encaminó presto a hablar con las nubes.

—Nubes… estoy buscando un buen matrimonio para mi hija. Quería casarla con el Sol, pero él me ha asegurado que vuestro poder es mayor que el suyo.

—Es gratificante comprobar cómo nos ponderas, rey ratón del país de los ratones. Pero de poco vale nuestro poder, cuando sopla el viento. Él es quien nos domina a su antojo.

Un poco mosqueado ya, el rey ratón del país de los ratones fue a visitar al viento.

—Señor viento… me han asegurado que es usted más poderoso que las nubes que tapan el mismísimo Sol. Por ello, vengo a ofrecerle la mano de mi hija, la princesa ratona.

—Apreciado rey ratón del país de los ratones: le agradezco su ofrecimiento. Pero no puedo aceptar. Para serle justo, el poderoso muro de ladrillos no sucumbe a mi poder, si no que me supera: es capaz de pararme siempre. Ante él, no tengo nada que hacer.

Más quemao que la moto de un jipi, el rey ratón del país de los ratones salió bufando hasta encontrar al poderoso muro de ladrillos. Aquel que era capaz de parar el viento, viento que hacía moverse las nubes, nubes que llegaban a tapar el Sol. Y ante la ofrenda del rey ratón del país de los ratones, el poderoso muro de ladrillos contestó:

—Sí. Es verdad. Soy el poderoso muro de ladrillos que para el viento, ese viento que lleva las nubes que tapan el Sol. Pero no soy yo a quien andas buscando. Mira en mi base. Observa desde dónde me elevo…

El rey ratón del país de los ratones, miró a la base del muro de piedra y ladrillos. Allí, un pequeño e insignificante sagutxin, roía sin descanso la argamasa del poderoso muro.

—¿Le ves…?—Preguntó el muro, al rey ratón del país de los ratones— Algún día, ese pequeño ratoncito acabará royendo demasiada argamasa de mi base. Ese día caeré. Y ya no seré capaz de parar el viento que lleva las nubes que consiguen tapar el mismísimo Sol. Él, por tanto, es más poderoso que yo. Y si es más poderoso que yo, lo es también del viento, por ende de las nubes, y, por consiguiente, también del Sol.

Y el rey ratón del país de los ratones le ofreció la mano de su hija al pequeño ratoncito. A la princesa ratona le gustó mucho la elección final de su padre, pues llevaba tiempo queriendo conocer al pequeño ratón que roía el muro.

Y el rey ratón del país de los ratones, tuvo que claudicar ante el poder que tenía aquel insignificante ratoncito, y casó a su hija con él.

Lo único que el rey ratón del país de los ratones no acababa de tener claro, era que el muro que roía el pequeño ratoncito, era sobre el que se apoyaban las vigas maestras de su palacio.

Y, colorín colorado… este cuento se ha acabado.

¿Te ha gustado este pequeño cuento? ¿Esta fábula?

Ahora vuelve a leerla. Y cada vez que aparezca un ser poderoso en la historia, cámbialo por uno de los poderes del estado. El primero que te venga a la cabeza. Y comprobarás, cómo vives en un estado de ratones, que se sostiene sobre un poderoso muro que un pequeño ratoncito puede acabar derribando.

Mis despreciables y queridos humanos: ¿todavía no lo veis…?

Moraleja: tenéis lo que os merecéis.

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