El Cristo del Otero

El Cristo del Otero

En lo alto del Cerro del Otero, en las inmediaciones de Palencia, se encuentra la ermita del Otero, sobre la cual se eleva hacia el cielo una escultura, el Cristo del Otero, enorme y gigantesca.

Imagen obtenida de www.palenciaturismo.es

Ni es la escultura más grande del mundo dedicada a Cristo, ni la más famosa, pero no por ello deja de sorprender a todo aquel que se acerca a sus pies. Elevada sobre la ermita, la figura presenta la imagen de un Cristo con los brazos junto al cuerpo, y los antebrazos extendidos con las palmas de las manos abiertas, en una clara señal de bendición sobre los habitantes del lugar.

Como tal, la escultura en sí es obra de Victorio Macho que, si bien hizo otra clase de obras, esta debía de ser su preferida. No en vano, los restos del escultor reposan bajo la figura.

Es una imagen poco conocida. Algo que parece ser que solo conocen en profundidad los habitantes de la provincia, y que no parece tener mucha relevancia fuera de ella. Un patrimonio artístico y cultural ignorado por los que no son de Palencia, como también suele ser ignorado el hecho, real, de que la universidad más antigua de España también es de Palencia. Y del mismo modo que la gente ignora que Alfonso VIII, en el año 1208, fuera el creador de dicha universidad, la gente también ignora, sea o no de Palencia, que el Cristo se erigió sobre una ermita que guarda más secretos de lo que mucha gente cree. Secretos muy oscuros.

La ermita en sí, en sus orígenes, solo era una cueva en la que, según la leyenda, se refugió Santo Toribio al haber sido apedreado por los habitantes de la, entonces, conocida como Pallantia. Tras desbordar las aguas del río Carrión, dolido por el recibimiento de tanto abultón, subieron hasta la cueva los habitantes para pedirle perdón… y para que devolviese las aguas a su cauce, pues el perdón está muy bien, sí… pero los campos estaban anegados, y de esa guisa, poco podían sembrar.

Después de aquello, y tras las innumerables peregrinaciones de los devotos a la cueva donde se refugió Santo Toribio, se adecentó dicho lugar, y se construyó en ella una ermita. Y sobre esta ermita, en 1931, se levantó el imponente Cristo del Otero.

Os he dicho antes que la historia de esa ermita guarda un pasado marcado por sucesos muy negros. Y no os miento. Un pasado que muchos desconocen, y que poco tiene que ver con el Santo pero sí con el lugar. Unos hechos deleznables y atroces que, me vais a permitir, no exponga aquí, pues todo ello está más que de sobra documentado y explicado en ‘Mano grande, mano pequeña’, y son hechos que me hacen hervir la sangre. No me hagáis volver a escribir sobre algo tan horrible.

Si no lo conocéis, el Cristo, deberíais pasaros, aunque solo fuese una vez, a contemplarlo. Acojona un poco estar a los pies de algo tan grade que te mira desde las alturas, pero merece la pena. Eso sí… si lo hacéis después de leer ‘Mano grande, mano pequeña’, puede que no le hagáis tanto caso a él… y os centréis más en la ermita sobre la que se eleva. Y, creedme, lo que ocurrió allí dentro, sí que acojona.

Palabra de Basajaun.

 

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2 Comentarios

  • Solo un palentino puro puede entender la frase jajaja… me encanta!!!

    • Me parece, Encarni, que te refieres a la entrada “el chiguito corito se escolinga por el arambol con la herrada en la mano”.
      Y sí… más de uno y más de dos no tendrán ni idea de lo que significa.

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Libro Mano grande, mano pequeña

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