El Valle de los caídos

El Valle de los caídos

Pues nada, humanos… que estaba yo tomando un txakolí y leyendo un artículo, muy interesante, por cierto, sobre la cría del berberecho salvaje en cautividad, y sale un señor en la caja tonta (la suelen tener siempre puesta en el bar, como todos los demás bares) hablando sobre un suceso de lo más pintoresco. Y digo pintoresco, porque me ha dado por ahí… cuando en realidad debería de haberlo comentado como un suceso… ¿vomitivo?…, ¿punible?…, ¿vergonzoso?…, ¿aberrante?… Allá va:

Un señor, debía de ser profesor universitario, pero no estoy muy seguro de esto, contaba con pelos y señales cómo, en ese monumento a la vergüenza que muchos idolatran, el Valle de los caídos, y mientras mostraba el lugar a los que debían de ser unos yanquis, observó cómo otro hombre depositaba unas flores frescas en la tumba de Franco. El profesor universitario se le acercó y le llamó la atención por ello (al ser una flagrante violación de la ley de la memoria histórica), y los guardas de seguridad del recinto le invitaron a marcharse de allí. Al profesor… no al señor que dejó flores en la tumba del generalísimo.

Y aquí no pasa nada.

Mientras hablaba este hombre contando cómo le escoltaron hasta la salida, se veían imágenes de hombres y mujeres besando la tumba, haciendo el saludo fascista, cantando el “Cara al Sol”… Imágenes estas, que debían de ser de archivo. Bastante recientes, pero no grabadas en el momento. Hechos punibles según la ley de la memoria histórica.

Y aquí no pasa nada.

Termina la noticia el periodista que la estaba emitiendo, comentando que en Madrid se ha paralizado el eliminar los nombres de afines a la dictadura (porque no sé si lo sabéis, pero España fue una dictadura durante décadas) en las calles y vías del lugar. Un acto que ataca frontalmente la ley de la memoria histórica.

Y aquí no pasa nada.

Cuando en los años treinta y cuarenta del siglo pasado el fascismo estaba en todo su esplendor, estos hechos podrían haber sido considerados como “normales”. Tal vez no correctos, siempre según la opinión de cada uno, pero dentro de una normalidad impuesta a golpe de tiranía y opresión. Y entre los gobiernos europeos que destacaron por esto, estuvieron los de Alemania, Italia y España. Y en media Europa se tenía que hacer lo que decían Adolfo, Benito y Francisco. Con el tiempo Adolfo se quitó de en medio, a Benito lo quitaron de en medio, y Francisco convirtió España en un ejemplo mundial de cómo se debían de hacer las cosas. Aunque solo para algunos, claro.

Cuando, muchos años después de la muerte de Franco, se aprobó la ley de la memoria histórica, se intentó con ello, además de muchas otras cosas, que los símbolos del fascismo que todavía pululaban por España fuesen poco a poco desapareciendo. Sin embargo, sus acólitos no desean que esto suceda en modo alguno y no les importa lo más mínimo incumplir la ley. Y lo hacen además con ademanes de machotes, insultando, provocando, y sabedores de que no les va a suceder nada. Y se enervan cuando hay gente que les increpa, o les vuelve a recordar que hay una ley aprobada por la casa que guardan los leones (allí donde se reúnen todos esos que no han querido agachar el lomo y sudar para ganarse el pan), y que se están pasando la ley por el arco del triunfo.

Y aquí no pasa nada.

Si estas actuaciones se llevaran a cabo en Alemania o Italia, enalteciendo a Adolfo o a Benito… creo que no hace falta que siga. Pero si ocurre en España… ¿lo adivináis…? ¡Eso es!

Aquí no pasa nada.

¿Nada? ¿Seguro?

Pues sí, sí que pasa:

Y lo que pasa, es que mientras existe una ley que aboga por eliminar todos los símbolos fascistas del pasado, o porque un anciano o una anciana puedan encontrar los huesos de un familiar, huesos que siembran las cunetas en España, desde el gobierno central se utilizan todas las tretas y argucias legales existentes para que esto no ocurra, o se ralentice eternamente. Y digo yo… ¿cómo no va a ocurrir esto, en un país en el que el gobierno paga con dinero del erario público flores frescas, todos los días, para poder depositarlas en la tumba de Francisco? Sí, sí… un gobierno que se autodefine como democrático, bien es cierto que ganó las últimas elecciones, pero que demuestra cariño cada día, cada día, pero con dinero de todos, a un dictador. A un hombre que ordenó muertes. Un gobierno que no duda en calificar como execrables los crímenes cometidos por Adolfo y Benito, y que, muy prudentemente, procura no pronunciarse sobre Francisco, o lo hace de manera muy sutil.

Y aquí no pasa nada.

Bueno, sí… al que levanta la voz por cosas como esta, lo acusan de Bolivariano. Un término despectivo que surge de la idea de que haya otras formas de gobernar que no sean las suyas. Una forma de gobernar que ya dejó clara Simón cuando le preguntaban quién cojones se creía que era, al matar a los españoles que luchaban para no perder las colonias…

Soy el pueblo.

Imagen de Clker-Free-Vector-Images

 

Y digo yo… si eso de las flores fuese diametralmente opuesto… ¿se tomarían medidas? Os voy a poner un caso extremo: ¿pasaría algo si un gobierno que no fuese el central, pagase flores frescas del bolsillo de todos para recordar con cariño a un hombre que ordenó muertes? ¿Imagináis que el gobierno vasco pagase esas flores a diario, para ponerlas en la tumba de un etarra que ocupó la cúpula de la organización?

Pensadlo. ¿Qué ocurriría?

Que no se me caliente nadie, que yo, el Basajaun, me paso todas vuestras ideologías baratas de mercachifle, por un sitio que está a menos de un palmo del lugar por donde amargan los pepinos. Solo expongo la realidad. Solo os doy algo en qué pensar.

Cuando terminó la noticia en la caja tonta, me bebí el txakolí de un trago y me marché a casa. Me supo a vinagre.

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