Homofobia

Homofobia

Pues nada, humanos… estaba yo dándole vueltas a la cabeza, y no puedo dejar de asombrarme ante lo incivilizados que sois. Más aún: ignorantes.

Yo, el Basajaun, llevo existiendo desde hace más tiempo del que os podríais llegar a imaginar y, con el paso de los siglos, no he podido sino ver cuánto involucionáis. Me explicaré.

Mari os dotó de un poder asombroso. Para llegar a materializar ese poder, y para evitar vuestra misma extinción como seres que habitan en el mundo que formó Amalur, por fuerza, debéis de reproduciros. Y para poder reproduciros necesitáis que un humano varón, se aparee con una humana. Una hembra. De este modo vuestra especie se perpetúa y podéis seguir adelante como seres. Hasta aquí, todo correcto… ¿no?

Seguimos.

Para aparearos, Mari os otorgó el poder de la seducción. Con ello conseguís que un humano se fije en vosotros, y aunque muchas veces no busquéis la reproducción de vuestra especie, acabáis llevando a la cama al humano que habéis seducido. Y una vez allí… bueno, pues jugáis a los médicos. Os desfogáis el uno con el otro, gracias al sexo, y dais rienda suelta a vuestra cara más salvaje o romántica, según vuestro ánimo, y folláis como monos hasta que explotáis de placer. Eso es bueno. Que os podáis aparear para perpetuar vuestra rara especie es maravilloso; que podáis practicar el sexo con el único fin de conseguir placer, es también fabuloso. Puede haber amor de por medio, o solo puede ser una manera de eliminar esa picazón que os entra a todos cuando necesitáis sexo. Pero hay un problema en todo esto:

¿Y si las personas que se acuestan juntas… son del mismo sexo?

Os he comentado más arriba que llevo mucho tiempo entre vosotros, los humanos. Y deberíais de asumir que os he tenido vigilados desde hace centurias. Y hace un par de milenios hubo una serie de civilizaciones humanas que consideraban que el sexo es algo tan bueno, y tan gratificante (busque o no la reproducción de vuestra especie), que no se veía mal que un hombre mantuviese relaciones sexuales con otro hombre. Los romanos (por poner un ejemplo muy sencillo) consideraban que el sexo era tan normal, fuere solo entre hombres, entre mujeres, o entre un hombre y una mujer, y lo tenían tan asumido como algo lógico, que nunca se vio como descabellado que dos hombres se acostaran juntos. Tan normal era el sexo para ellos, para los romanos, que si comprabas los favores sexuales de una prostituta (ellos las llamaban rameras porque, en los lugares donde ejercían el oficio más viejo del mundo, se colocaban unas ramas encima de la puerta de entrada para que todo aquel que las viese, supiese qué se cocía allí dentro) costaba lo mismo que una barra de pan. No fueron los primeros, ya que la civilización griega también tomó como algo perfectamente normal el hecho de que dos personas del mismo sexo se acostasen. En muchos de estos casos había amor de por medio, y en otros… solo ganas de disfrutar.

Siglos después llegó la Iglesia… y, bueno… no hace falta que siga, ¿no?

Y hoy en día, como hace milenios, los hombres se enamoran de mujeres y forman familias con ellas. Y hoy en día, como hace milenios, un hombre puede llegar a enamorarse de otro hombre, y una mujer puede llegar a sentir lo mismo por otra mujer.

¿Podríais decirme cuándo un hombre, o una mujer, saben el tipo de orientación sexual que tienen? Porque por lo que yo sé… cuando nacéis no sois proclives a uniros a una mujer per se. O a un hombre. Al nacer nadie, y digo nadie, tiene asumido si va a amar a una mujer o a un hombre. Y como los humanos, si no amáis, estáis completamente perdidos en la oscuridad… os amáis entre vosotros. Pero claro, si la persona elegida por vuestro corazón es del mismo sexo… os tachan de bolleras y maricones.

Hace poco se habló mucho de un autobús que proclamaba a los cuatro vientos que los niños tienen pene, y las niñas vagina. Yo estoy convencido de que los que idearon esa historia del autobusito de los cojones, son muy listos. Saben que si se genera polémica, cuanto más grande mejor, se les va a dar pábulo a todas horas. Yo no os voy a decir lo que pienso de este tipo de humanos que se comportan así, es decir, de esos que te dicen dónde tienes que meterla y por qué, o ante quien te tienes que abrir de piernas, y por qué. Ya intento explicaros en Cultus porqué hace siglos se quemaban mujeres en la hoguera, y el hecho de que la mayoría de las veces fueran pobres y jóvenes. Y este tipo de humanos… no ha cambiado: les revienta que otros hayan conseguido la felicidad con algo que a ellos les aborrece.

Imagen de Kurious

¿No os gustan las lesbianas? O, mejor dicho, ¿no os gusta que haya lesbianas? ¿No os parece bien que una mujer pueda amar a otra mujer? ¿No os gustan esos que llamáis maricones? ¿No os gusta que un hombre haya podido hallar el amor en otro hombre? ¿Acaso lo que os he llegado a oír pronunciar como peras y manzanas, no se pueden comer los unos a los otros, indistintamente, si ese es su deseo? ¿Dónde está la maldad en un muchacho que siente que es una muchacha, o viceversa? ¿Dónde está escrito que un hombre no pueda amar a otro hombre? Tal vez… ¿en el mismo sitio en el que dice que un cura puede follarse a los niños que quiera porque es adulto y los otros solo unas indefensas criaturas?

¿Dice eso vuestra Biblia, Corán, Talmud… o cualquier otro escrito que consideréis la palabra de vuestros dioses? Pues va a ser que no: todos hablan de amor al que se supone que es el dios verdadero, y hacia vuestro prójimo. Escritos maravillosos, todos ellos, que alteráis según vuestra propia conveniencia.

Humanos del mundo: amad. Follad. Disfrutad.

Y si es con alguien de vuestro mismo sexo, porque así lo queréis… estupendo.

PD: el Tarttalo forra su cueva tanto con pieles de maricones, como de machotes; tanto más le dan las bolleras… que las mujeres que se consideran normales.

Amad y dejad amar. Follad y dejad follar.

No le cabreéis. No me cabreéis.

 

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