La leyenda de La Casa Encantada de Carbonera

La leyenda de La Casa Encantada de Carbonera

Hoy, en el Arkano de la bitakora, La Casa Encantada de Carbonera: misterio desvelado.

No deja de resultar, cuanto menos, curioso, que en un pueblo tan escondido y apartado como Carbonera exista una leyenda que ha perdurado décadas. La leyenda de la Cabra Fantasma de Carbonera ha copado en el pasado tertulias interminables entre los vecinos, los foráneos y los curiosos. Pero no es lo único que merece la pena reseñar, dentro de lo oscuro y misterioso, que Carbonera puede ofrecerle al mundo.

La leyenda de La Cabra es, más o menos, conocida por los habitantes de los alrededores. Quien más, quien menos, sabe de ella. Y preguntan por esos sucesos del pasado a los habitantes de Carbonera, inocentes ellos, y se quedan peor que cuando quisieron satisfacer esa curiosidad: nadie dice nada. Esa leyenda es como un aura del pasado que no se ha conseguido eliminar del todo, y que, mucho me temo, acompañará a Carbonera para siempre.

Lo que la gente no pregunta, básicamente porque no lo saben, es que en Carbonera, y poco más o menos en la época en la que se empezó a hacer casi viral la leyenda de la Cabra Fantasma, ocurrió algo también en el pueblo. Algo oscuro, real, y desconocido. Bueno, quizá no tan… oscuro. Entremos en materia:

Existe una casa en el pueblo, que aquí nombraré como La Casa para preservar la privacidad tanto del lugar como de sus dueños, dentro de la cual han ocurrido en el pasado cosas que, aún hoy, nadie ha podido explicar. Unos dicen que dentro hubo brujas. Otros que los muebles se movían por la noche arrastrándose por el suelo, oyéndose perfectamente desde la calle, cuando estaba cerrada y sin humanos dentro. Otros, opinaron en el pasado que aquello tenía que ver con La Cabra.

Sea como fuere, los más mayores saben de esas historias. Y las generaciones anteriores convivieron con ellas. Por ello, hace años se comenzaron a extender por el pueblo habladurías que tenían que ver con lo que ocurría dentro de “La Casa Encantada”.

Carbonera antes de la guerra civil

Y quise informarme sobre este “suceso paranormal”. Y lo que descubrí… es lo que quería dejar plasmado en la bitakora.

A la par que La Cabra hacía de las suyas, se comenzó a hablar también de La Casa Encantada. Ligados entre sí estos hechos o no, Carbonera siempre fue un pueblo humilde como pocos, por lo que a la hora de faenar, sea en el campo o sea en una casa, siempre ha habido algún vecino que le ha echado una mano al otro. Más en el pasado, habida cuenta de la cantidad de gente que hubo entonces. Pues bien… en una de las casas del pueblo, hicieron obras en su interior. Y cuando las terminaron, los dueños, enseñaron con orgullo la obra finalizada. A la par que en la propia Casa, las obras se extendieron por el patio interior de la vivienda, y lo que antes de la obra debía de ser un patio en mal estado, acabó siendo un patio perfectamente adoquinado y bien rematado.

He dejado claro ya con anterioridad que Carbonera ha sido desde siempre un pueblo muy humilde. Este hecho, hizo en el pasado que a la hora de arreglar una casa, lo hiciesen entre los propios vecinos, ayudándose entre sí. El por qué es bien sencillo: no había apenas dinero para comer… de modo que… para pagar a un albañil profesional, mejor ni hablamos. Y si no había dinero para pagar a un experto que acometiese la obra, menos aún para los materiales. Dejado este punto claro, no es de extrañar que el patio, a la hora de adoquinarlo, se hiciese con cantos del río. Un material que no había que pagar. Sí que daba trabajo al tener que recogerlo, pero sin soltar ni un real.

Suelo “encantado”

Mientras La Cabra campaba a sus anchas por aquel entonces por Carbonera, los vecinos, asombrados ante lo bonito que había quedado el patio adoquinado con cantos del río, “encantado”, y cuando debatían el resultado de la obra con los demás habitantes del pueblo… a la par que hablaban de los desmanes de La Cabra, comentaban sucesos extraños que tenían que ver con este ser y… ambos sucesos se entremezclaron en las tertulias vecinales mientras jugaban a las cartas, o mientras procuraban sisarle un poco de vino a la jarra en la cantina. No tardaron mucho en unir estos dos hechos entre sí (bien pudo La Cabra hacer de las suyas en la casa reformada) y nombraban a La Casa que nos ocupa como La Casa “Encantada”de Carbonera.

 

 

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