Requiem por un campesino español

Requiem por un campesino español

Réquiem por un campesino español: Ramón José Sender Garcés (Chalamera, Huesca, 3 de febrero de 1901 – San Diego, Estados Unidos, 16 de enero de 1982).

Nueva entrada de la bitakora, dentro de la serie Libro Vs película. Serie dedicada a comparar si una película le hace honor al libro en el cual se base.

Me centraré hoy en otro de los libros que una calurosa tarde de verano acabaron en mi poder. Libro adquirido en un rastrillo por la irrisoria cifra de dos aurelios. Increíble o no, cierto.

Sin poseer un aspecto ajado en exceso, un rastrillo es un rastrillo, estaba en un estado aceptable. Sin arrugas ni dobleces; solo las tapas un poco amarillentas. El que quiera comprar cosas perfectas e impolutas… que vaya a que le saquen la sangre a un gran almacén o una tienda especializada. Sí, una de esas en las que un librero veinteañero y novel, que peca de bisoñez y prepotencia a partes iguales, se quiere posicionar por encima de uno en cuanto a conocimiento, apenas le dirijas la palabra. Me he encontrado, no miento, un par de estos en el pasado y, la verdad… tras menos de dos minutos salieron escaldados, solventando la conversación con un…:

—Espere un momento… le voy a decir al encargado que venga…

Chulitos a mí… ¡já!

Prefiero conversar con aquel que me lo quiera vender. Más que vender, intentar aconsejarme mostrando empatía, tal y como me pasó cuando compré este libro.

Una señora de unos sesenta años, toda ella amabilidad, me explicaba que los libros los tenía divididos por secciones. Esperando respetuosa y en un segundo plano a que terminase; dejando claro desde el principio que si tenía cualquier tipo de duda que no vacilase en pedirla ayuda; y comentando que el día estaba siendo caluroso de cojones (expresión real que dijo esta señora y que me hizo esbozar una sonrisa). Ni punto de comparación con los engominados y risueños de la Fnac.

Si algún dependiente de la Fnac o Casa del Libro lee esto y se siente identificado, que se lo tome como una crítica constructiva, pues no es nada más que eso.

Sigamos.

El libro es corto. Más de lo que me imaginaba. Mientras lo miraba, decidido ya a que formara parte del arsenal que acabaría en mi biblioteca, me vinieron a la mente las imágenes de la película. Una película que mostraba de manera descarnada y visceral la España de los primeros años de la guerra civil española. Una historia cruda y dolorosa. Una historia que me ayudó a dar forma a lo que acabó siendo Mano grande, mano pequeña.

Metámonos en faena con una de las escenas de dicho film. Una de esas que le revuelven las tripas a uno… y hace que se ponga de muy mala hostia:

La historia en cuestión, comienza cuando va a tener lugar una misa de réquiem por un vecino fallecido un año atrás: Paco, el del molino. Un hombre sencillo, trabajador, amable y justo. Un hombre que peca de ser demasiado idealista en una época en la que tener unos ideales equivocados, unos ideales siniestros, y no diestros, era sinónimo de poder acabar muerto en una cuneta tras ser sacado de tu propia casa para darte el paseo. Un personaje interpretado por un imberbe Antonio Banderas, en el que es, para un humilde servidor, uno de los mejores papeles de su dilatada carrera cinematográfica.

Antonio Banderas caracterizado como Paco “el del molino”. Imagen obtenida de raquelpelayo.wordpress.com

Mediante flashbaks, Ramón J. Sender nos lleva a analizar con crítica los acontecimientos que ocurrieron en el pueblo, y que hicieron que Mosén Millán, el cura del pueblo, interpretado en el film por Antonio Ferrandis, llegue a ser el más claro exponente de la hipocresía de la iglesia española ante las atrocidades y las injusticias que jalonaron la piel de toro en aquella época. Una iglesia que predicaba resignación y humildad.

Sí, pero solo a los pobres.

Una iglesia que animaba a estos últimos a asumir el poder establecido: la diferencia de clases. Conminándoles también a que no se saliesen del redil y a poner la otra mejilla, tras cada nuevo golpe recibido. Se remata todo esto, incitando a los campesinos a regocijarse, pues, según la iglesia… ninguna pobreza material es comparable a la pobreza espiritual. Sí, sí… has leído bien…

No importa si no tienes para comer. O lo que es peor, que no tengas que darles de comer a tus hijos. Lo importante es estar a bien con el Altísimo.

Patético.

Las convicciones del cura, durante la historia, no evitan que se sienta al final arrepentido. Tras observar el pasado con la claridad que da el tiempo transcurrido… le invaden la vergüenza, la pena… y, sobre todo, y como he comentado más arriba, su profundo arrepentimiento por lo sucedido. Por sus actos, su cobardía, y sus posteriores consecuencias.

Publicada en 1953 desde el exilio, Ramón J. Sender hace una profunda crítica de la sociedad creada en España a partir de la guerra civil. Lo hace, atacando los dos principales frentes sociales que dominaban el país: el propio gobierno establecido a golpe de estado, y la posterior contienda, y la iglesia española.

Para muchos, la obra es una especie de asunto personal. ¿Por qué? Porque a su hermano, edil de un pequeño pueblo aragonés, lo fusilaron por sus ideas. Por esto último, me siento más que unido a esta maravillosa obra maestra, pues yo, el Basajaun, termino Mano grande, mano pequeña …

… tratando de dejar claro que todo lo que ocurre en la novela, el por qué me decidí a escribir este libro…

surge también de un asunto personal que tiene que ver con sucesos similares

… pero no iguales, que transcurrieron en aquella terrible y oscura época en la España profunda.

Para acabar, espero que comprendáis que tampoco puedo hacer aquí una especie de crítica en la que pondere al libro más que a la película. No. Tampoco al revés. La historia es tan fabulosa, tanto, y me llegó tan adentro, que me quedo con los dos.

Para comprender el hoy, se debe conocer el pasado. Por favor, no dejes de leer el libro. Por favor, no dejes de ver esta película.

(Imagen de portada obtenida de roman.film.de)

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Libro Mano grande, mano pequeña

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