Carbonera V

Carbonera V

Continuando con la serie de entradas dedicadas a Carbonera, dentro de esta vuestra bitakora, en esta quinta entrada nos enfocaremos en seguir tratando de desmembrar el escrito tallado en piedra en la iglesia de Carbonera.

En las anteriores entradas se han demostrado muchas cosas (Carbonera I, II, III y IV). Cosas, hechos y personas, que tienen que ver con ese escrito tallado. Y ahora vamos a acometer la parte más difícil de ese escrito que, como recordaréis, nos presentaba a Los Señores Carboneras como…:

   “…hidalgos de ejecutoria, presentes en todo tiempo en este curato. Tienen la tercera parte de los diezmos de esparto, lino, avena y demás legumbres.”

Pues muy bien. Desmembraremos y analizaremos estas dos líneas.

Existen varias clases de hidalgos, pero nos centraremos en lo que nos atañe:

Hidalgo:

Por definición, hidalgo era aquel a quien la nobleza le venía de sus ancestros, y desde tiempo inmemorial. Si solo se les nombraba así, hidalgo, se les reconocía como “hidalgos de sangre”.

Hidalgo de ejecutoria (hejecutoria, si nos ceñimos al escrito real):

Aquel que siendo hidalgo, ha tenido que dirimir en un juicio (executoria), demostrando mediante escrituras, testigos, o de la forma que fuere aceptada, su hidalguía. Los “hidalgos de sangre” que culminaban con éxito este juicio, eran reconocidos a partir de entonces por todos como “hidalgos de ejecutoria”.

Si desmembramos la palabra en sí, hidalgo viene de fidalgo (“fijo de algo”), siendo fijo, hijo, y algo, noble. Por lo tanto, literalmente, significa hijo de noble. La hidalguía, además, era un derecho que en muchos casos se ganaba con el paso de los años, y no se consideraba como a iguales a los que compraban tal privilegio, o a los nombrados por el rey, porque…:

“El rey puede fazer cavalleros, mas non fidalgos”

   …ya que se consideraba que para ser hidalgo, debían de pasar al menos tres generaciones.

Esto no ocurría en todos los sitios así, ya que según el derecho de hidalguía universal, por ejemplo, yo mismo, al ser vizcaíno, si hubiese nacido unos cuantos siglos atrás, disfrutaría de este derecho por nacimiento. Me equivoqué de época.

Seguimos ahora con la segunda parte de estas dos líneas talladas.

Curato:

Todos sabemos lo que es un cura. O creemos saberlo. La definición correcta es la de un sacerdote con cura de almas en una parroquia. De ahí viene la palabra cura. Y un curato es la zona de influencia de una parroquia concreta, donde el sacerdote no solo cura almas, sino donde también cobra rentas para su manutención, y la de la iglesia: los diezmos. Para optar a un curato, el sacerdote debía superar unas pruebas. Una vez superadas, a salvar almas y a llenarse el bolsillo.

Diezmo:

La propia palabra nos dice lo que es: la décima parte de algo. En este caso, y siempre cuando es referido a gravámenes, a todos nos viene a la cabeza, y sin pensarlo siquiera, a lo que en realidad hace referencia: el impuesto que había que pagar a la Iglesia, la décima parte de lo que producías… so pena de acabar en el infierno, o de que te echaran de las tierras del señor, o de la iglesia, íntimamente relacionados estos nobles, y desde siempre, con todo lo que venga de mano de quienes se supone que tienen que salvar las almas de los hombres. Pero en Carbonera, y según el escrito tallado en la pared de la iglesia, la tercera parte de ese diezmo pertenecía a Los Señores Carboneras, lo que me induce a pensar que la Iglesia y los nobles de Carbonera del pasado… estaban más que relacionados, o que, por el contrario, estaban enfrentados. Tal vez sucedió algo que les hizo romper relaciones entre ellos, y que llevó a dividir la parte correspondiente de los diezmos (solo la referente a lo que se cosechaba — en la inscripción solo aparecen grano y legumbres, no dinero —), de manera que no todos los diezmos fueran a parar después a las arcas de la Iglesia. Y que se quisiera dejar constancia de este hecho, per secula seculorum, tallándolo en la pared del templo. Es normal si hay dinero de por medio… no les culpéis…

Total… que tenemos a Los Señores Carboneras como merecedores de la hidalguía de sangre, ¿litigada y demostrada?, y que han estado desde siempre en Carbonera. Bien, pues habrá que encontrarlos como sea. Habrá que intentar demostrar que Los Señores Carboneras se prodigaron en el tiempo, y que no solo fue Iohán Rodrígez de Çisceros el señor del lugar.

¿Cómo demonios hacer esto? ¿Cómo cojones investigar si en el lugar hubo señores durante siglos, y que, además, fueron reconocidos como “hidalgos de ejecutoria”? Es decir… ¿de qué manera se podría corroborar que Los Señores Carboneras habían sido señores (hidalgos), y que se les había llegado a reconocer tal y como aparecen en el escrito de la pared de la iglesia (hidalguía demostrada ante un tribunal, y posteriormente corroborada)?

Iglesia de Carbonera

Comencé a buscar, y me dije a mí mismo que al hacerlo, certificar esta parte de la inscripción de la iglesia, si la búsqueda al final daba sus frutos… le rendiría a Carbonera el homenaje que se la debe. Una empresa nada fácil. Empresa en la que me embarqué, con una idea que daba vueltas y más vueltas en mi cabeza. Idea que, estaba convencido, me llevaría, aun con el tiempo, a ser capaz de encontrar las pruebas que demostrasen que la inscripción de la iglesia es real:

Si eran en verdad hidalgos de ejecutoria, tenía que haber, en algún sitio, un documento que lo demostrase, ya que si se había producido un juicio, tal vez, y solo tal vez… podrían encontrarse pruebas. Complicado o no…

…las encontré.

Pero eso, casi mejor que lo dejamos para otro día… ji, ji, ji…

 

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