La leyenda de Lucía de Aretxaga

La leyenda de Lucía de Aretxaga

Hoy, en el Arkano de la bitakora, la leyenda de Lucía de Aretxaga.

¿Qué hay de cierto en lo que se cuenta sobre Lucía de Aretxaga? ¿Quién fue esta mujer? ¿Existió en realidad… o solo es un mito? ¿Por qué la recuerdan con cariño los vecinos de Zalla, en Bizkaia? ¿Solo es cariño… o también hay una especie de… respeto y temor?

En la tierra de los brujos, y desde hace más tiempo del que muchos puedan recordar, se mezclan, en el imaginario colectivo, la existencia de una mujer con las ancestrales creencias de dicho lugar. En esta tierra de brujos, en Zalla, se ha ligado desde siempre a uno de sus habitantes… con sucesos que bien poco tienen de racionales. Y a la par… con otros sucesos bastante más… extraños. Y terribles. El boca a boca ha alimentado a través de los siglos dichos sucesos. Y lo ha hecho, enlazándolos con la vida de una mujer que vivió en Aretxaga.

Con el paso de los años, y con varias generaciones de brujos, vecinos de Zalla, alimentando aquellos sucesos… todo ha formado un conglomerado un tanto difuso. Este conglomerado ha terminado convirtiendo a la protagonista de esta historia en alguien muy querido en Zalla. En alguien a quien, los vecinos, ponderan mucho en el lugar. Y a la par que a su santo patrono: san Miguel Arcángel.

Una pequeña muestra de esto último:

En las fiestas de Zalla, si bien se supone que se venera al Arcángel… dichos festejos se abren con una joven vecina representando a Lucía. Dicha joven es caracterizada para la ocasión como si se tratase de alguien un tanto… diabólico. Curioso y paradójico, sí. Pero también real.

Por si esto no fuese suficiente, en la zona, me refiero a las poblaciones cercanas, también se sabe de estas historias. Y se cuentan, de una o de otra forma, pero manteniendo siempre a la protagonista de las mismas en un lugar elevado. Y de forma un tanto… mística.

Unos dicen que fue una bruja, convencidos de que, por ello, fue una persona temible. Otros, la recuerdan con cariño como una sorgina del lugar. Aun cuando ignoren que en Zalla hubo por aquel entonces mujeres que se dedicaban a “dar salud” (las saludadoras). Un hecho este demostrado. Nuestra protagonista bien pudo ser una de ellas.

A mí, al Basajaun, me trae absolutamente sin cuidado en qué creáis vosotros. En esta entrada de la bitakora me limitaré a exponer el por qué de estas creencias. Por ello, te invito a que sigas leyendo, y te mostraré la leyenda de Lucía de Aretxaga:

Entre finales del siglo XVII y principios del XVIII, en Zalla, se sabe que en la zona conocida como Aretxaga, vivió una mujer. Fuese por su estrecha relación con las saludadoras, fuese porque estuviese ligada a las matronas que conocían los remedios para aliviar ciertos malestares derivados del dolor físico, las sorginak, vivió una mujer en Aretxaga cuyo recuerdo ha llegado hasta hoy. Se llamaba Lucía.

Lucía vivía sola, cerca de la ermita del lugar, y se procuraba el sustento a base de aceptar las limosnas que le daban. Muchas veces, en justo pago por hacer algo que a los vecinos, e incluso al párroco, les parecía bien: limpiaba los santos de la ermita y los cuidaba. Es bastante probable que, en aquella época, con malhechores y rufianes amigos de lo ajeno por doquiera que se mirase (muchas veces por necesidad), la figura de una anciana que vivía sola se alinease con la idea de que podría tratarse de una bruja. Por ello, mientras ella cuidase de la ermita… nadie con las uñas lo suficientemente largas se atrevería a acercarse por allí.

Posiblemente, este hecho hizo que se la comenzase a ver como alguien con ciertos conocimientos un tanto… esotéricos. Se la viese así o no, yo creo que sí. El caso es que alguien con cierta edad sí que posee conocimientos… más allá de los que puede tener otra persona más joven. Por ello, además de cuidar de la ermita de Aretxaga, los vecinos se procuraban su consejo.

Zalla se encuentra en el camino que desde hace siglos ha comunicado Castilla con la costa del Cantábrico. No es ninguna utopía pensar en que alguno de los innumerables visitantes que se acercaban a Zalla por aquel entonces, solicitase las exhortaciones de alguien como Lucía. Alguno lo haría por verla como una especie de santa… y otros lo harían por, precisamente, todo lo contrario. Eso sí: todos ellos convencidos de su buen juicio.

Se dice en Zalla que, un buen día, se acercó hasta la ermita un hombre. Dicho hombre, un vinatero navarro con posibles, seducido por lo que oyó decir a los vecinos, pidió consejo a Lucía a cuenta de algo que le tenía mortificado en vida: estaba convencido de que su mujer le engañaba con otro hombre.

Las brujas, históricamente, no han sido vistas solo como unos seres despiadados y maléficos. También, por su condición, podían enfrentarse al mal de ojo. O a realizar hechizos de sanación o a remediar el conocido como mal de amores.

Hay algo que la inmensa mayoría de los vecinos de Zalla ignoran:

En el pasado hubo unas mujeres que sí que se dedicaban a remediar estos males: las saludadoras.

No era extraño que los foráneos se acercasen al lugar en busca de estas mujeres y sus remedios. No fue extraño, por tanto, que nuestro vinatero quisiese del consejo de Lucía. Anciana, sabia y respetada, y muy conocida en Zalla, el vinatero fue a verla.

Lucía le hizo ver al vinatero que, al ser un hombre con dinero y posición, el hombre con el que su mujer le engañaba no tendría por qué ser alguien con un buen bolsillo. Podía tratarse de alguien con quien su mujer buscara algo más… carnal. Furioso, preguntó a la anciana cómo poder averiguarlo. Para ello, le dio un dato: su mujer hacía tiempo que no llevaba puesto el anillo de matrimonio.

Lucía le comentó que seguramente se trataba de algún criado suyo. Le conminó a que buscase la alianza de matrimonio. Era más que probable que mantuviesen esos apasionados encuentros en su misma casa. La bodega, lugar oscuro y alejado de miradas incómodas, se presentaba como el sitio perfecto para… llevar a cabo sus citas carnales. Y que tal vez, en uno de esos apasionados encuentros… en los que el amor verdadero es aquel que entra por el agujero… el anillo hubiese acabado por el suelo. Tampoco era descabellado que se encontrase en el fondo de algún tonel de vino.

El vinatero se marchó ofuscado de Zalla. Tiempo después, comprobó que el anillo estaba en el fondo de un tonel, en la bodega de su casa.

Según esta leyenda, mientras Lucía mantuvo la conversación con el navarro…

… un criado suyo, haciéndose el dormido, escuchó todo lo que la anciana le dijo a su señor. Tras encontrar el anillo, el criado asumió, sin género de duda, que Lucía era una bruja. De otra manera, se le antojaba imposible que lo hubiese podido adivinar. Sin pensar en las consecuencias, dio parte de los sucesos a la santa inquisición.

Poco después, el tribunal del santo oficio se presentó en Zalla… y Lucía de Aretxaga acabó quemada en la hoguera. Para más Inri, la quemaron al lado de la ermita que cuidaba.

Esta es, y no otra, aunque alguno la pueda contar con ciertos matices, la leyenda de Lucía de Aretxaga. Espero, humanos, que entendáis ahora el por qué de incluir a Lucía como uno de los personajes que aparecen en Aequitas Cultus.

Sucediendo donde suceden, los hechos que se narran en la novela, espero que entendáis que estaba casi obligado a incluirla dentro de la historia. Una historia que se retrotrae a unos inicios mucho más oscuros y terribles de lo que muchos habitantes de Zalla creen…

… los conocidos por todos como el Proceso de Logroño. Unos infames sucesos, más reconocidos por los humanos como “el juicio a las brujas de Zugarramurdi y Urdax”.

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